¡Buenos días! El intenso calor parece derretir hasta las palabras, como si vinieran a menos con los cuarenta grados. Muchas de ellas empezamos a decirlas con diminutivos, convertidas en amparos lo mismo que nos socorren momentáneamente las sombras de unos toldos, las que dan unos árboles, o las escondidas por calles tan estrechas como hendiduras afiladas que se defienden del sol. Hablamos ahora buscando en nuestros labios el goce de lo entrañable, la fruición de nuestro idioma, el consuelo de contarlo todo en pequeño y amable: nos damos un bañito, pedimos una cervecita, bebemos un tintito, tomamos un gazpachito, preparamos un arrolito, servimos unos tomatitos… ¡hay tantos refugios para las altas temperaturas! Y no puede faltar un heladito. Lo pequeño se hace todo un diccionario de los placeres. ¡Feliz miércoles! Que pasemos el diíta lo mejor posible…





