¡Buenos días! En Sevilla ya hay gente pa to. Se llena lo que haga falta y en varios sitios a la vez, aunque digan que está bajando el censo de su población. ¿Seguro? A ver si va a ser que sólo tenemos turistas. Ayer hubo sevillanos escapados a las playas, abarrotándolas de sombrillas. Ayer fue por pleno centro la procesión de la Virgen del Rocío, la del Lunes Santo en el Beso de Judas, tras la coronación canónica en la Catedral. Pues hasta arriba de gente la Avenida. Ayer también no sé qué festival en no sé dónde. Y ayer fue igualmente para miles de sevillanos el concierto sold out de Miguel Bosé en la Plaza de España, donde tuvo lugar su coronación Icónica. Allí estuve yo, proclamando con aplausos a todo un rey del pop. El problema que tengo cuando vuelvo de la actuación de un genial artista como él, es no perder de vista que doy los buenos días y no puedo encajarme dando las buenas noches. ¡Tanto contaría de su show, de su voz ya rescatada de un sótano, y de su magia! Un apretado resumen consistiría en decir que Don Diablo ya canta sentado, pero que sigue convocando a su fiel público al conjuro de las transgresiones, de la audacia y del inconformismo. Bosé está haciendo el 69 con su edad. Ya me entienden. Con ese tiempo encima a muchos les llaman viejos cascarrabias. A mí me resulta una valiosa e inalterable actitud de espíritus jóvenes. Por eso muchos -y muchas- de los que acudieron a escucharlo en canciones legendarias que cruzan ya por varias décadas, fueron a por lo suyo, a localizar dónde estaban sus veinte años. Los encontraron. Volvió a demostrarse aquello que tanto vengo afirmando: que la inmensa mayoría de la gente es mayor de lo que le corresponde. ¡Feliz domingo!
Fotografías de Beatriz Galiano
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