¡Buenos días! La desdichada restauración-destrucción de la Macarena dejará de aquí en adelante -de eso estoy seguro y como con todo lo relativo a Ella- un antes y un después en las restauraciones de las imágenes. Ha sido la gota que ha rebosado el vaso de tantos infortunios anteriores a lo largo de muchos años. Que le pregunten si no a los hermanos de La Bofetá por su Virgen del Dulce Nombre, imposible ya de localizar devocionalmente si no fuera por sus antiguas fotografías. Todas las hermandades han escarmentado ahora en el rostro de la Esperanza. La elección de los restauradores y sus procesos y métodos de trabajo habrán de salvar filtros muy rígidos, análisis microscópicos, expedientes en los que se exigirán hasta células demostrativas de una capacidad indiscutible. Ha sido el fin de las garantías y avales de los nombres propios, de la mera confianza en un prestigio. Porque hasta Arquillo ha dejado de ser Arquillo dejando a la Macarena sin ser la Macarena. Una vergüenza y miles de dolores.





