
Foto: Beatriz Galiano
¡Buenos días! Me da la impresión de que la restauración-destrucción de la Macarena nos ha dejado en tierra de nadie, en el campo indefinible de la sugestión y en el anhelo de hallarla donde quedan los restos de sus rasgos y el antiguo milagro de sus facciones, su mirada y su luz. Hay un estado general de shock, de tal desorientación emocional que me atrevería a hacer la prueba de mostrar fotografías de la Virgen tomadas hace varios años y encontraría la reacción de quienes creyeran que «ya no es la misma». Todo se ha vuelto confusión y esperanza por encontrar a la Esperanza. Hasta sus versos han perdido el rumbo y extraviado las direcciones de su destino, el único destino, el incomparable e insustituible destino de la Macarena, la que deseamos con todo nuestro corazón que vuelva a ser como ninguna. Ella era y ha de volver a ser la única y posible rima.





