¡Buenos días! Una de las grandes obsesiones de mi vida ha sido ser hijo de la Luz. Es una expresión del Evangelio que supongo en su mayor significado por el corazón y el alma de los mejores, gentes del talante de Teresa de Jesús o nuestra Sor Ángela. Desde mi rasero de humano corriente y moliente, la luz es una búsqueda constante de la mejor opción, de lo más parecido que se pueda encontrar a lo que llamamos verdad, esa que por entero jamás será cosa de hombres, y esa que en Juan Ramón fue «intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas». Todo esto viene a cuento para decir que ayer tarde, ya cayendo la noche, me largué a la calle Castilla en pos de la luz. Huyendo de tanto ambiente oscuro, falso y siniestro, quise ver pasar su luz de Marisma cierta, muy cierta, sin engaños. Puedo jugarme tranquilamente la fe en Ella. ¡Feliz viernes!





