¡Buenos días! Cada vez me parecen más bonitas esas formas de ser de quienes viven sin advertencias. Son esos seres que poseen la hermosa personalidad de lo natural, aquellos que vas descubriendo según se desenvuelven, porque no te llegan con tarjeta de presentación, carta de ajuste o una declaración de principios. Habitan en una serenidad elegante y discreta, se mueven sin pilotos rojos, con la voz tranquila y tan propia de las convicciones profundas, mientras los demás les hablan o gritan con los tonos y volúmenes alterados de los dogmas, como si a mayores decibelios se tuviera más razón. Lo que me hubiera gustado tantas veces ser así… pero vengo de un mundo de sermones, de púlpitos, de arengas y pregones, donde siempre estamos dando un mitin. ¡Cualquiera cambia ya eso! ¡Feliz jueves!





