¡Buenos días! Hay un tipo de sevillanas rocieras que yo llamo las de los preparativos. Son deliciosas, como si mientras se cantan y bailan desprendieran todo el sabor del avituallamiento completo a llevar en las carretas. Hablo de sevillanas de hace muchísimos años e ignora si las cosas, ¡que han cambiado tanto!, siguen pasando como se cantaron. Los Hermanos Reyes, de la mano de don Manuel Pareja-Obregón, nos legaron toda una crónica de lo que en Triana era ponerse las pilas para largarse al Rocío: «Cuando falta una semana pa salir de romería en el barrio de Triana hay roturas de alcancías, y se forma un zipizape de tamaño laberinto que no hay bicho que se escapa desde el puente a San Jacinto…». Irse al Rocío requería, al menos entonces, haber llenado la hucha durante todo un año. La letra, bien ingeniosa, continuaba con el planchado de los trajes de flamenca, mortadela pa los niños, jamón pa los mayores, pestiños, mosto de Villanueva… con María Pepa y Sebastiana, Baldomera y Rosalía, que andaban locas por Triana preparando la comida. Pasando el tiempo, también me gustó mucho en Rafael del Estad (aquel señor tan elegante y de tal porte que parecía como si Julio Iglesias cantara sevillanas) su trascón del carro, donde llevaba «el vino de la cosecha del año pa asé el camino, aceitunas gordales y manzanilla…». ¡Qué bonito! ¡Feliz martes!
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