¡Buenos días! Escucho a Finito de Córdoba asegurando que si las mujeres no asistieran a las plazas, él no habría sido torero. Esta idea ya viene de lejos en el caso de Luis Miguel Dominguín, que además confesó que todas sus cornadas tenían nombre de mujer, pues cada una de sus cogidas estuvieron causadas por haberse distraído con la presencia de alguna belleza en los tendidos. A decir verdad, no sólo los toreros, sino todos los hombres, a saber cuántas cosas habremos hecho y hacemos en la vida por las mujeres. Yo mismo, sin ir más lejos, me cuidé físicamente durante años sólo por su existencia. Por mí y sin la confianza en conquistarlas, no me habría sometido a tanta gimnasia, cuidado del cabello y de la piel, alimentación sana, expulsión del tabaco y del alcohol o, lo más importante, salvar de los atentados del tiempo una mente y un espíritu incansables, saltando de un entusiasmo a otro. Y es que nunca decaí en la fina intuición de unirme a alguien muchísimo más joven que yo. La gran oportunidad me tenía que pillar preparado. No me equivoqué. Los toreros saben que las mujeres van a las plazas; pero los que no somos capaces de dar ni un mal capotazo, también sabemos que forman parte de la lidia difícil de la vida. Conquistarlas es salir por la puerta grande. ¡Feliz martes!





