¡Buenos días! La Iglesia de Sevilla sabe de sobra que sin cofradías nada sería lo mismo, que no disfrutaría en misas y cultos externos de la afluencia y participación que cuenta. El arzobispo se ve que lo sabe, que lo captó rápidamente nada más vino para hacerse cargo de la Archidiócesis, que se percató de la notable diferencia de fieles que hay ya entre esta ciudad y otras. Lo de Sevilla es incomparable. Templos abarrotados y calles con bullas allá donde convoquen las hermandades, de Penitencia, de Gloria o Sacramentales. Al arzobispo se le ve encantado cada vez que verifica la presencia de las muchedumbres aquí o allá. Se me puede decir que en no sé dónde también hay templos llenos. Claro; pero con sinceridad hay que admitir igualmente que no son representativos, sino excepciones de un catolicismo que mundialmente vive en déficit. Hasta la Esperanza de Triana se atreverá a entrar donde no hay narices de poner un pie. Cuando pase el verano se irá en busca del Polígono Sur y las Tres Mil Viviendas. Sólo Ella puede asaltar allí a los corazones. ¡Feliz domingo!





