¡Buenos días! También el alcalde, mi apreciado José Luis Sanz, parece haber vuelto de Roma en estado de embriaguez emocional, afirmando que «desde ahora el Cachorro será más universal que nunca». Tiene un pase su grandilocuencia habiendo perdido la percepción de la realidad. Total, eso es bien propio de políticos. Al menos no magnifica una pregrinación a medio gas, sin la presencia papal, hasta el punto patético que lo hizo una locutora televisiva que aseveró que en Roma había sentido al Cachorro «más Hijo de Dios que nunca». ¡Qué barbaridad! Estoy descubriendo lo poquito que hubiera seguido siendo el Cachorro si no llegan a pasearlo por delante del Coliseo. Yo, aunque con ciertas reservas, no me declaré jamás en contra de que el Cachorro procesionara por Roma (por la Roma periférica de sus ruinas, no por el centro). Pero las cosas hay que hacerlas bien, enteras, o no se hacen. Deben negociarse, llegar a acuerdos muy precisos en todos sus términos. ¿El Papa va a contemplar al Cachorro, va a venerarlo? ¿Que no es seguro? ¿Que eso queda en el aire? ¿Que no podrá ni acercarse siquiera un momento a la capilla donde estará en la Basílica de San Pedro? Entonces el Cachorro no sale de Triana. Vamos a ver si nos enteramos, vamos a ver si somos capaces de darle la vuelta a las historias «históricas»: que el Vaticano no va a ser el lujo del Cachorro, sino todo lo contrario, que el Cachorro va a ser el lujo del Vaticano. Entre partes siempre ha de darse un juego de importancias o, como poco, de equilibrios; ha sido manifiesta la incapacidad para saberlo. ¡Feliz lunes!





