¡Buenos días! Sesteábamos la Feria, descansábamos de los grandes momentos que estamos disfrutando, cuando mi mujer me dijo: «Está repicando la Giralda, eso es que han elegido al nuevo Papa». Nos levantamos inmediatamente, encendimos la tele, y así era: en la Plaza de San Pedro una multitud aguardaba a conocer de quién se trataba, sumándonos desde casa a la expectación de esa gran noticia. Y es que en nuestro caso, como en el de millones de personas, no hace falta sentirnos muy católicos para ser conscientes de que el Papa es el líder mundial de más relevancia moral y religiosa, de una influencia tal que nos afecta a todos, cuya envergadura intelectual y ética beneficiará a cada uno en sus circunstancias. Otra cosa será ya que sepa o no rehabilitar el evidente retroceso de la Iglesia, su dispersión y unidad, su capacidad de convicción para que forme parte de tantas vidas que ya vamos por libre, ajenas a doctrinas en las que a estas alturas ya no creemos porque nos resultan sencillamente increíbles. Le vi conmovido en el balcón, pero bien sujeto a la serenidad y a la paz con que lo necesita este planeta al quizás salve de una tercera guerra mundial. Apareció con el estandarte del amor incondicional de Dios sin excepciones. Y se había puesto el nombre de León XIV. Me supo a guardar una enorme simbología con la necesidad de ser el rey de esta selva en la que se ha convertido el mundo. ¡Feliz viernes de Feria!





