¡Buenos días! Hemos llegado justo al lugar donde vamos a tener que recordarle a muchos (más de los deseables) que la Semana Santa tiene su origen en un condenado a muerte de cruz, y que ese condenado resulta que era el Hijo de Dios. Porque o lo recordamos, o esto acabará como en aquel chiste del ignorante que viendo en la Macarena el paso del Sentencia, le preguntó a otro sobre la figura de Pilato:
-¿Y ese quién es?
-¿Ese? Un hijo de puta que por poco nos deja sin Semana Santa.
El punto de partida más histórico y remoto de las cofradías se localiza en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Y siempre habrá de constituir su razón de ser, su fundamento. Parece, sin embargo, que esa idea de cabecera no residiera en las reglas de tantas hermandades, integradas sus juntas de gobierno por personas sin formación. Tampoco está en los pies de aquellas cuadrillas de costaleros que están muy cerca de hacer ballet, afanadas en hacerse con un protagonismo usurpado a las sagradas imágenes. Y tampoco en esas bandas que buscan concentrar en la música el fin, no el medio. Que ustedes tengan un feliz viernes.





