Buenos días!!! No soy ni litúrgico del todo ni muy católico. Pero para los sevillanos de una clase de sevillanos entre los que me siento, este domingo es el segundo de adviento de la Semana Santa. Y es que esos sevillanos, esa estirpe, tenemos con la Semana Santa una segunda Navidad del año. Es la Navidad de estos días y los que vengan para echar de menos a quienes ya se fueron. A mucha gente no le gusta la Navidad porque les provoca nostalgia y tristeza, porque se sienta en esas fechas a mesas con sillas vacías, las que en un tiempo del alma en villancicos ocuparon nuestros abuelos, nuestros padres, algún hermano quizás… Y estos días del adviento de la Semana Santa, estos días que llamamos Cuaresma, vienen cargados de recuerdos de ausentes que nos llevaron de la mano a ver nuestras primeras cofradías, a escuchar por primera vez «Estrella Sublime» o «Amargura», a cogernos en brazos para asomarnos desde los balcones de la gloria del Baratillo en el Arenal de la emoción. Es el tiempo melancólico por excelencia de las manos que nos cuidaron y protegieron en los «sueños de cornetas y procesiones» que escribió el poeta Joaquín Romero Murube, el que tuvo a Sevilla en los labios. Las manos de las madres recogiendo o alargando dobladillos de las túnicas, planchando capas de merino de nazarenos de La Macarena o colas de La Amargura, esas que hicieron que el Silencio fuera blanco. A los sevillanos esos que somos los que somos, nos toca por estos días pasar por la segunda Navidad del año. Si las sillas vacías no me duelen porque sé que la cuna siempre está llena, ahora no ignoro que la Semana Santa traerá nada menos que la Resurrección. Feliz domingo!!!





