
¡Buenos días! Los problemas de la Semana Santa de Sevilla no son nuevos de este año, vienen de lejos, creciendo, pero de lejos, desde hace mucho, décadas; lo que pasa es que ahora se ha tenido la conciencia inaplazable de que alcanzan ya la gota que colma el vaso. Los principales son problemas de cuantía, eso que llaman la masificación, de público y de nazarenos. No se cabe, no cabemos todos óptimamente en los espacios fijos e invariables de toda la vida, como en el casco histórico en general y a lo largo de la carrera oficial. Aquí ya pasan cosas sorprendentes como que estén entrando los últimos pasos en Campana muy pasadas las once de la noche (por cierto, casi sin nadie en las sillas o en los palcos) o salgan de la Catedral siendo ya la madrugada del día siguiente. Las multitudes por todas partes -por todas- te hacen creer que continuamente estás pretendiendo ver a la Macarena. ¡Feliz viernes!





