¡Buenos días! El Pregón de la Semana Santa parece exigir siempre el arte de decir lo que todos sabemos, pero no sabemos como decirlo. Ser pregonero obliga a convertirse en algo de traductor de vivencias personales a emociones colectivas. El del Pregón es un género literario tan particular como difícil, que cuando se trata de Sevilla alcanza rara vez el aplauso unánime, prolongado y fervoroso, no digamos el logro de una permanencia y memoria indeleble en el corazón de la gente a través de los años. Particularmente creo que necesita reunir varias artes en un solo acto. Y estoy convencido de que la clave maestra es la que dio, allá por los 50, uno de sus protagonistas, José Luis Campuzano Zamalloa: «El éxito del pregón consiste en que al influjo de la palabra del pregonero, Sevilla se diga su propio pregón». ¿Ocurrió todo eso? Por lo demás, fue un apacible Domingo de Pasión yendo y viniendo de templo en templo, visitando los besamanos y besapiés. Esto ya está aquí. ¡Feliz martes!
….

















