¡Buenos días! Finalmente se perpetró, como ya estaba calculado, el crimen de los azahares en la calle Doña María Coronel. Lógico. Lo último que un político tiene a su alcance, también el alcalde de Sevilla, es la capacidad de ser humilde para reconocer errores. Los políticos al fin y al cabo pertenecen a una raza bien curtida en la arrogancia y la prepotencia, espíritus dictatoriales camuflados de democracia. El caso es que la poda de los naranjos -¡ahora!- se llevó a cabo de la manera más indisimulable, a plena luz del día y sin la más mínima vergüenza ni cobertura de la nocturnidad. Una cosa más en una ciudad cada vez más desprotegida, en la que los sevillanos ya sabemos que no tenemos seguridad: sólo nos ampara la suerte. Habrá mucho que hablar otro día de la suerte que a diario corremos los sevillanos. ¡Feliz martes, 1 de abril!
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