¡Buenos días! Su palio la está esperando. Las fechas avanzan hacia el Domingo de Ramos con cadencia y compás de Font de Anta. Su marcha tiene un principio de rumores, de lenta noticia que va contando lo que se acerca poco a poco, pero ya imparable. La Amargura tiene otro año la candelería fundida, la peana para acogerla junto a San Juan, las caídas del palio y los faldones de su paso preparados para ofrecerla en el encaje perfecto e inmejorable de los bordados de Rodríguez Ojeda, por las hojas de acanto estremecidas, y en los respiraderos y varales de Cayetano González, con hendiduras y llagas de plata. Todo en San Juan de la Palma es igual pero siempre nuevo. Es el estreno renacido de lo eterno. El tesoro inaugurado de lo intocable. Que evolucione aquello que lo merezca. En La Amargura, la mejor evolución es encontrartela una y otra vez donde la dejaste. Su mayor progreso es, después de tanto tiempo centenario, reconocerla. Su canon es la fidelidad a sí misma. Y «si en tristeza por alguien fue igualada, sí hay frontera capaz a su amargura!». ¡Feliz lunes!
Imágenes: Beatriz Galiano
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