¡Buenos días! A mí el alcalde de Sevilla me cae muy bien de cerca, pero de lejos me resulta incomprensible. De cerca desprende simpatía, aunque no se prodigue precisamente luciendo sonrisas. No superaría lo más mínimo un casting para anunciar dentífricos. Tampoco requiere eso su cometido y exigencia de gobernabilidad en una ciudad cada vez más desgobernada. Estamos hartos de coincidir en inauguraciones, viendo cofradías y en actos varios. Me transmite ser una buena persona, que ya es decir en política. Pero a lo mejor no está bien rodeado, quizás no cuente con los mejores en sus delegaciones municipales. Un poner, como decimos por aquí: otro año se va a perpetrar el crimen del azahar nada menos que en la calle Doña María Coronel, una de las más características de Sevilla. En estas fechas, con los naranjos en flor, el próximo lunes se va a proceder a su poda. ¿Ahora? ¿No ha habido anteriormente otro momento, en otoño, en invierno? La excusa de otra incompetencia es que pasen por allí las cofradías durante la Semana Santa. ¿Acaso no caben a la altura de las ramas la Hiniesta o la Mortaja? Mal medidores tiene Sanz. ¿Habrán visto un paso en su vida? Como capataces arruinarían la travesía de cualquiera de ellos por la calle Francos. Yo creía que las podas se llevan a cabo antes de las floraciones. ¡Feliz sábado!
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