¡Buenos días! Todo va pareciéndose a lo esperado, a eso que llamamos «de toda la vida» y que cada vez son menos cosas en un mundo desbocado. Quizás tenga ahora Sevilla, más que nunca entre las claves de su poderío turístico, la capacidad de ofrecer lugares de salvación, refugios humanos al alcance de nuestras miradas. El sosiego se aferra a las calles, discurre en las aceras, anda cobijándose de templo en templo. Y en la Plaza de San Francisco puede uno reencontrarse con el montaje de los palcos, recobrando una señal inequívoca y cierta de que el tiempo de las vísperas ha llegado, que la Semana Santa volverá a suceder, será verdad, una de las pocas verdades que nos van quedando. Vivir se va haciendo más natural y comprensible en medio de tantos desconciertos y temores. ¡Feliz miércoles!





