Buenos días!!! En la calle Doña María Coronel me ha sorprendido este año el olor, el viejo olor de Sevilla siempre nuevo en los naranjos, esos que en expresión bellísima de la poeta Efi Cubero escoltan calles como Mateos Gago, Cardenal Cisneros y esta de la que hablo, donde ya habita el aroma que dé cauce de noche fascinante cuando la crucen de recogía las cofradías de la Cena, la Hiniesta o la Sagrada Mortaja. El azahar empieza a asomarse como de visita, con prudente educación de respeto a los tiempos marcados, mirando entre bastidores la luz de vaivenes de estos días, que sabe que aún no es la suya, que puede traicionar con espejismos que derriben prematuramente su blancura hasta las calzadas y las aceras. Todavía es luz de invierno, no de primavera, no es la luz que dé la orden definitiva de toda soltura, la que permita tomar el aire, asediarnos y tramar una emboscada de la que no tendremos escapatoria. El azahar nos mira casi en secreto, vigilando y cauteloso, como entre rendijas de un telón levemente separado y casi a punto de alzarse para el más doloroso y glorioso espectáculo de este mundo: la Resurrección de Sevilla. Feliz viernes!!!





