¡Buenos días! La conversación de la gente es el agua, la que está cayendo. Demasiado para lo que está acostumbrada Sevilla, que viene además de un largo periodo de sequía que a duras penas y con dolores (como en San Vicente) medio resolvió el año pasado a costa de una Semana Santa casi sin pasos. Ahora está la cosa como se la nombraba cuando yo era un niño y aún algunos la siguen llamando: la intemerata. En mi infancia, al avecinarse una tromba, solía escuchar de los mayores que iba a llover más que cuando enterraron a Queipo. Debió de ser un auténtico diluvio que había quedado como una referencia histórica en la memoria de los sevillanos. Desde luego, si esto sigue así -y dicen que va a seguir-, por la cabeza, y siendo pueblo gustoso de exageraciones, pasa ya la idea de preparar el arca. Y tanta lluvia incansable, sin tregua y entre tormentas, está favoreciendo la conversación en ascensores, esas entre vecinos que, cuando coinciden subiendo o bajando, nunca saben qué decirse y miran al techo deseando llegar a su planta. ¡Feliz jueves!





