¡Buenos días! Ya están los primeros en La Campana. Ellos son los nazarenos bomboneras de la confitería, que ya han llegado al escaparate que, haciendo esquina, da a la entrada de Sierpes. Ahora que la gente se toma tan a pecho el debate y la polémica sobre los carteles, pienso que como mejor se ha anunciado siempre la Semana Santa ha sido siguiendo esa ruta sentimental de estampas e imágenes vivas de la ciudad que te encuentras de pronto al transitar las calles. Te cruzas por Alcaicería o en la Plaza del Pan con quien viene de Casa Rodríguez con el capirote que acaba de recoger. En la calle Gerona hay colas de hermanos sacando la papeleta de sitio de los caballos. Te sorprende ante el Ayuntamiento el montaje de los palcos. Y la rampa del Salvador preparada para el descenso entre hosannas y aleluyas de La Borriquita. Por estas fechas de ilusiones y anhelos cofrades, esos nazarenos en dulces filas de La Campana, son como los adelantados de un tiempo que se anuncia con la mejor verdad de Sevilla, sin letras ni encuadres, sin pinturas desesperadas buscando la falsa notoriedad que no se tiene. ¡Feliz martes!





