¡Buenos días! Puede que hoy aparezca por la calle donde no soy esperado, pero no me adentro en las emboscadas del debate que no me interesa, en absoluto. Vuelvo la vista hacia donde no se gritan los argumentos desvanecidos por las injustas absoluciones. ¿Qué procesión con víctimas me quieren sacar hoy? No voy a eso. Vengo del primer viernes de marzo en Sevilla, de entrar en los templos que aún conservan el sosiego que da Dios, el sabor de las esperanzas y el viejo aroma de sus altares barrocos. Vengo de ver al Cautivo en San Ildefonso y en la capillita de San José. Y vengo de ver a Jesús Nazareno, el Silencio, allí donde tiene acogida la calma y puede refugiarse un ritmo lento de tramos de gente, huidiza de tantas prisas y ruidos, entre las que aún andan mis antepasados y el amigo que se fue, pero que está como en la canción aquella: te vas, Antonio, pero te quedas, porque formas parte de esta ciudad. ¡Feliz sábado!
Fotografías de Beatriz Galiano.
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