¡Buenos días! La vi pasar ayer por Cardenal Cisneros, a pocos metros de la Parroquia de San Vicente de donde salió. La Virgen de los Desamparados convirtió la calle en vergel de Valencia entre naranjos, en huerta y albufera, mientras los sones de nuestras marchas le ofrecían el homenaje y la veneración de una sevillanía que, en realidad, para mí había tenido siempre, cuando desde niño ya la conocí en una de las capillas de ese templo, al entrar a la izquierda. No la recuerdo en procesión si es que antes la hubo. Y cuando se acercaba a la puerta de la casa familiar en el número 1, la sentí llena de ellos, los que se fueron sin irse, asomados como en la vieja fotografía, aquella que siempre me da el lugar exacto de una cita invariable. Desamparados que ampara fue una riada de emoción recordando tantas desolaciones como hemos visto en su tierra a través de la televisión. La nuestra, Sevilla, fue ayer sábado también la tierra de sus amores. Y Ella, para nosotros, Estrella Sublime de Valencia. ¡Feliz domingo!





