
¡Buenos días! Como tengo una inercia natural para la observación de los comportamientos humanos (empezando por los míos), tan curioso de siempre siguiendo pistas, acabo de encontrarme esta mañana con la palabra venustrafobia, que no conocía: cuando una mujer guapa provoca temor. Resulta que así se llamaba lo que yo padecí durante tantos años y de lo que logré liberarme. Llegué a la conclusión de que, entre otras cosas, los hombres se dividen entre los que tienen miedo a la belleza y aquellos que no. Sentía que las mujeres bellísimas, las que llaman la atención por donde van, las que hacen girar las cabezas cuando ellas entran en un sitio, me abrumaban, me cortaban la respiración, era incapaz de abordarlas con sabiduría y dotado de psicología femenina. Si iban acompañadas, me preguntaba qué tendrían esos tíos que a mí me faltaba. No me rendí. Una voz interior me habló valiente: «Si lo que te gustan son las mujeres tan guapas, amigo, vas a pasar al otro bando, al de quienes se atreven con ellas y son capaces de seducirlas. Vas a empezar a tutear a la belleza». ¡Feliz sábado!





