¡Buenos días! Julio Iglesias está escribiendo sus memorias. Parece que quiere contarse él mismo después de décadas siendo contado por los demás. Hubo un intermedio, eso sí: la autobiografía «Entre el cielo y el infierno», transcrita por el inolvidable Tico Medina y publicada por Planeta a principios de los 80. De unos silencios a otros, también hay que decir que el artista dejó correr sus leyendas, alimentó su mito, admitió las exageraciones que le engrandecían como latin lover… aquella de haber hecho el amor con miles de mujeres. Sin embargo, al cabo de los años guardó un as en la manga, la presunción de certeza, ya que la de inocencia le resulta imposible e increíble en su caso de hábil y sabio hombre del espectáculo, el que ha manejado como pocos las claves más secretas de ese mundo. Y pensando en ese desquite que serán las memorias del español universal, bien pensado a todos nos gustaría hacer una cosa así, la de contarnos cada uno de nosotros después de que tantas veces, y tan mal y con errores de bulto, nos cuentan unos y otros, familiares y amigos, conocidos, y hasta quienes pueden acabar de vernos por primera vez, con un rato tienen bastante para sus juicios. Termina uno cantando «Qué sabe nadie»; pero eso es de otro grande, Raphael. ¡Feliz viernes!





