
Foto: César Lucas
¡Buenos días! Por mi querido y admirado amigo César Lucas, el fotógrafo de toda la vida de Marisol, me enteré de que ayer fue el cumpleaños de la estrella. Pepa Flores avanza por sus edades, en una travesía humana que, como todas, no siempre ha sido fácil, ni tampoco la del relumbrón aparente de los focos. Yo recuerdo hoy especialmente el día aquel de 1968, cuando la niña prodigio (aquella que dejé cantando «Tómbola» en un cine de verano de Punta Umbría) se me hizo mujer, mientras yo sentía algunas cosas nuevas de hombre. Ocurrió yendo con mi prima Nena a verla en «Solos los dos», en el Coliseo sevillano. Las primeras secuencias de la película, con los créditos sobreimpresionados, daban cuenta de un pique entre coches por una carretera general de aquellas de la España de los 60. En uno de los vehículos, grande, de marca, propio de toreros millonarios, iba Palomo Linares con su apoderado. En el otro, un mini deportivo, un loco de la velocidad perseguía adelantarlo a toda costa. Llevaba la cabeza y el rostro cubiertos por un casco que hubiera servido más bien para Le Mans. Acabó cortándole el paso a Sebastián Palomo, ambos se bajaron y, a punto ya de llegar a las manos, el temerario piloto se quitó el casco y… ¡Dios mío, sorpresa!, del mismo resultó desprenderse el hermoso cabello rubio de Marisol. ¡Qué mujer más guapa! Así sucedió, para mí al menos, como el rayo de luz del ángel que nos llegó de pequeña se me convirtió en toda una mujer. ¡Feliz miércoles!





