¡Buenos días! Ayer me enteré de que se ha inventado la «huella vocal». Es como el DNI de nuestra voz. En ciertas entidades te la graban al llamarlas para cualquier gestión relacionada con reclamaciones o aclaraciones, y desde ese momento sirve para que con sólo escucharte por teléfono ya sepan de inmediato quién eres y todos tus datos previamente registrados, la referencia de tu factura eléctrica o el número del contador del agua. No sé si atinarán el día que pueda llamarles resfriado, ronco o padeciendo algo de afonía. En cualquier caso, parece ir a formar parte de un mundo que sustituye cada vez más lo real por lo artificial. Porque también esta semana ha recibido mi mujer la muy cuantiosa oferta como modelo para que una empresa se haga con sus datos faciales, a partir de los cuales puedan crearse ficciones de su belleza. Si nuestros abuelos, aquellos que se fueron con la tele en blanco y negro y con interferencias o averías del repetidor de Guadalcanal, levantaran la cabeza y vieran por dónde vamos… Antes de su explicación, yo hubiera imaginado que la huella vocal sería la que me han dejado grandes cantantes como Sinatra, Tom Jones o Raphael; pero resulta que esa clase de «huella vocal» es más sorprendente e inverosímil que aquella que dejó el primer hombre que pisó la luna. ¡Feliz sábado! Se nota que acaba de empezar febrerillo el loco…





