¡Buenos días! En la tele me encuentro, de casualidad y porque las mejores cosas no parecen anunciarse a bombo y platillo, me encuentro a Toñi Moreno dedicando un programa a la figura y obra de Jesús Quintero. Es otro muerto que halla justicia cuando ya no puede disfrutarla. Esto es muy español. Quintero acabó sus días como uno más en la nómina repleta de triunfadores solitarios. Me lo presentaron una noche de Feria de Sevilla Isabel Gemio y Adriana Kaplan. A la tarde siguiente fui con ellas a la casa de Jesús en la calle Placentines. Allí echamos varias horas de conversación, echados los cuatro sobre la cama en el suelo del famoso periodista; yo, que quedaba a los pies del colchón, tenía a mi lado al perro verde, que era blanco, salvo cuando en los platós lo iluminaba un foco que lo convertía al título del popular espacio. Ante nosotros, un ventanal por el que veías a la Giralda como si fuera una acuarela de José González. Otro día nos invitó a almorzar en su restaurante de Montpensier y a pasear el parque en coche de caballos. En persona duplicaba su seducción al escucharlo, con esa voz que tuvo maravillosa y sabia para hablar desde los mejores silencios. ¡Feliz miércoles!





