¡Buenos días! ¿Quizás sea Sevilla la ciudad que mejor hace publicidad en el aire? No me refiero a una avioneta de esas que en las playas se pasan la mañana sobrevolando la costa por encima de nuestras sombrillas, ondeando al viento la bandera gigante de sus anuncios. Hablo de esos olores como el del adobo de Blanco Cerrillo, que te hace llegar su reclamo de aroma irresistible de fritura, el que va desde la cocina del pequeño y apretado bar en José de Velilla, hasta coger la calle palante doblando la esquina con Velázquez. Hablo también del Asador de la Estrella y sus pollos en salsa por la calle San Jacinto. Igualmente me refiero al puesto de los churros que está allí donde empieza el puente para cruzar hasta Triana. Y a las palomitas de la planta sótano de El Corte Inglés del Duque. Y a las pizzas que te preparan en quince minutos allá en Almirante Apodaca, frente a los helados de Raya. Y hablo asimismo de las bandejas recién salidas con pescaíto frito en las freidurías de La Isla, en García de Vinuesa, y la de Reina Victoria en Pelay Correa. O los aliños de Doña Aceituna, junto al Mercado de Feria. Otros también podrían contar más casos que añadir a una guía gastronómica de los olores de Sevilla, puro ambiente del apetito que abren sus calles, en esta ciudad de aromas de exquisiteces que no necesitan gastarse un duro en publicidad. Con el aire tienen bastante. ¡Feliz jueves!





