¡Buenos días! India Martínez y yo nos conocimos hace años en el camerino de Raphael cuando coincidimos para felicitarlo por uno de sus conciertos en el auditorio de Fibes. Entre la poquísima gente que considero como verdaderos artistas en estos últimos tiempos de tanta morralla, la cantante ocupa para mí un lugar destacado. Ya antes de nuestro encuentro fortuito yo la escuchaba sobrecogido, como se escucha lo especial, lo incomparable, lo que surge original y a distancia de esta época de clonaciones, en la que todo suena igual y escasea el estilo propio. India Martínez es notablemente diferente. Al menos en mi corazón entró de inmediato, pasó sin llamar. Tiene voz de cita íntima, de cómplice de tu vida, voz de noches en las que aún no se hubiera inventado la luz eléctrica y nos alumbra una vela o el leño ardiendo de una chimenea combatiendo fríos. Parece que canta conversaciones privadas en las que adivina tus gozos y lo que te duele. Y posee el desgarro más salvaje y humano de la selva. ¡Feliz martes!





