¡Buenos días! Lo de los christmas da hoy para más. Nos pilló en los tiempos del correo tradicional, nada de electrónico, eso ni por asomo. Como para cualquier carta, había que tomarse unas molestias si queríamos hacer llegar nuestros mejores deseos a familiares y amigos: hacernos con la compra de los christmas elegidos, escribir en cada uno la dedicatoria personalizada, ir al estanco por sobres (de tipo avión en sus casos) y sellos, y dejarnos la saliva en pegarlos y cerrar membretes. Varios años estuve enviando hasta 70, sin exagerar. Tuve gente maravillosa que los esperaba ya tan clásicos como una caja de polvorones. Los recibidos en nuestras casas iban solapándose abiertos todos juntos sobre una consola, o encima del televisor (que entonces era la caja a la que llamaban tonta y servía espacio para contener la pantalla). En casa de nuestros abuelos me viene la visión de estar colocados en la parte superior del piano o repartiéndose la base del árbol, como si pertenecieran al conjunto de sus adornos y guirnaldas. La cantidad de christmas que lucía un hogar, daba buena cuenta de los muchos afectos de que gozaba una familia. ¡Feliz viernes!
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