¡Buenos días! Érase una vez… los christmas. Hoy pueden parecer un cuento comparado con el envío de whatsapp, pero durante décadas nos enviamos unos a otros las felicitaciones de Navidad usando aquella especie de postales para hacer llegar a nuestros familiares y amigos los mejores deseos. Sus formatos y tamaños fueron muy variados, aunque básicamente y en cualquier caso consistieron en un tarjetón doble, cuya portadilla incluía una ilustración, belenista generalmente, y que al abrirse ofrecía dos caras en blanco donde expresar de forma manuscrita el mensaje de felicidad durante las Pascuas y de prosperidad para el año nuevo. También fue un género objeto de comercios, bancos y demás entidades para sus clientes. Llegaron a editarse incluso unos modelos desplegables, donde solían aparecer el portal y sus figuras recortadas en varias capas, como si fueran una pequeña escenografía de papel, muchas veces adornada con breves cenefas de purpurina, tan de moda y efectista en aquellos años. Hubo también, ya más recientes, christmas sonoros que, escondiendo una minúscula pila, activaban una melodía navideña tan pronto como eran abiertos por las dedicatorias. Pero si he de mencionar unos christmas clásicos y elegidos por todos, esos fueron los del gran dibujante Ferrándiz, que creó un modo infantil al concebir al Niño, la Virgen, los ángeles, pastores, etc. Aún hoy se mandan christmas, como los de Unicef, pero en cantidades nada comparables con las de otro tiempo. ¡Feliz jueves!

….





