¡Buenos días! Ayer me encontraba a la gente hablando en cualquier parte de la Magna. Era un monotema. Llegué a recordar aquellos tiempos de una sola televisión (la mejor televisión de España se le llamaba, porque no había otra), en los que a la mañana siguiente de haber visto por la noche una película, todos nos la contábamos en el colegio. La Magna la ha visto, de un modo u otro, todo el mundo. El que menos, la ha seguido por televisión. Y los que más, con sillas en la novedosa «carrera oficial» o pateándose las calles y los barrios de Triana y la Macarena. Los comentarios, junto a las alabanzas, han servido ya sus críticas. Toca el momento del balance. Y mientras los pasos iban de recogía, los sevillanos, desde su sueño de procesiones ya hecho realidad, regresaban a sus caminos en pos de la próxima Navidad. La vida parece ser eso que necesita siempre un estímulo por delante, la espera y las vísperas de lo extraordinario. ¡Feliz miércoles!
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