Buenos días!!! Siempre me irritan los reconocimientos a título póstumo cuando hubieran podido llegar a tiempo, en vida de quienes los merecían. Se ve que la envidia lleva los pasos más largos que la admiración. Y que son más largas, mucho más largas, las colas de los pésames que las brevísimas de las felicitaciones y las enhorabuenas. Digo todo esto porque ahora tiene el Ayuntamiento de Sevilla la ocurrencia de nombrar Hijo Predilecto a Antonio Burgos, fallecido en diciembre. ¡La de años que ha habido para hacerlo! ¡Lo que hubiera disfrutado de conocer una distinción así el mejor cronista que tuvo la ciudad durante décadas! Lo de Antonio Burgos le ha pasado a mucha gente, es lo normal; porque en muy pocos casos los homenajes se reciben en vida. Un día me crucé por la calle Juan Sebastián Elcano con el mismísimo Curro Romero, a pocos pasos del Labradores. Yo sabía que el Faraón tenía allí una cita todas las tardes para jugar su partida de dominó. Lo abordé y le dije:
– Qué bonito, maestro: usted a jugar al dominó mientras el bronce levanta su escultura en el Paseo Colón, nada menos que ante la Real Maestranza. Con lo difícil que es conseguir eso, estar vivo y a la vez en la estatua.
La respuesta de Curro fue amable y dada con esa concisión tan propia de los sabios que te dejan en pocas palabras todo un tratado:
-Qué bonito, ¿verdad?
Feliz jueves!!!





