Buenos días!!! Todos sabemos que los cómputos lunares determinan la fijación para cada año de las fechas de la Semana Santa. Eso ha provocado una circunstancia especial en este 2024: la coincidencia del Miércoles de Ceniza y San Valentín, algo así en celebraciones como dos en una. De cenizas y polvos hace ya mucho que vivo en el exilio. Siento el Miércoles de Ceniza como el principio del cuarto creciente de ese inmenso agradecimiento a Dios que es la Semana Santa de Sevilla. Y me quedan muy lejos todas las fórmulas siniestras que no me hablen de Resurrección, ese milagro para humanos que albergan los ojos de la Macarena. Sobre San Valentín, como de otras fiestas, la fuerte conciencia de lo corta que es la vida me fue enseñando que no está la cosa para rechazar celebraciones. Y en el día de los enamorados caben todos los que quieran estarlo. Puedo decirlo con seguridad, yo que he cruzado las tierras más estériles y las más fértiles llevando inalterable «mi corazón en bandolera». No pocos indocumentados de traer y llevar ideas prestadas acusan del invento a El Corte Inglés, cuando la verdad es que empezó comercialmente en la España de Galerías Preciados. En mi casa al menos es día de rosas rojas. Y del recuerdo entrañable de mis padres, los que jamás abandonaron un romanticismo propio de novios. Hoy me suena la voz de mi madre tarareando la canción de Algueró en la película donde el conciliador santo, como un nuevo cupido, bajaba desde el cielo a la Gran Vía por un ascensor de la Torre de Madrid. Y para los que apenas celebran nada y me estarán diciendo ya mismo que el día de los enamorados es todos los días, les responderé que también todos los días me llamo Pepe, y por eso no dejo de festejar San José cada 19 de marzo. Feliz miércoles, que no les caiga ningún cenizo!!!





