¡Buenos días! Ante las grandes tragedias y desgracias suele escucharse una clásica pregunta: «¿Cómo puede Dios permitir estas cosas?». Entrar en el tema de Dios es una exploración bastante compleja que varía de unos seres humanos a otros. Es el mundo de la fe, no de las certezas. Es habitar en las dudas, que son precisamente las que permiten a la fe ser fe. Allí es donde nos encontramos los llamados dichosos que creemos sin haber visto. Casi nada. Interrogar a Dios es comprensible cuando estamos desbordados por lo que, desde nuestra pequeñez, no somos capaces de entender. Pero también es conveniente, y muy conveniente, que en una situación absolutamente dramática como la que vive Valencia, muchas preguntas estamos obligados a hacérselas a los hombres. Y que nos respondan la verdad. Por lo demás, ¡feliz miércoles!





