¡Buenos días! Hoy comienza el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Cine, palabra mágica, a pesar de salir de una urdimbre nada fácil y trabajosa en la que se consigue un guión, se convence a un productor, se eligen actores, se hallan localizaciones, se atraviesa por la larga y dura paciencia de los rodajes, se espera el éxito de la taquilla… Cine, el que desde niños nos quedaba en la lejanía del universo, cine de vidas deseadas como propias, pero tan ajenas a la nuestra, inalcanzables en el Oeste americano o en los finales felices de los besos de amor. Imposible cine para la realidad si querías deshollinar las chimeneas como en Mary Poppins o surcar los mares igual que los piratas. Cine de sesiones continuas, de programas de mano, de butaca de patio o principal, de acomodadores con linterna, de fotografías de escenas descoloridas por los escaparates de las lencerías, o expuestas en los vestíbulos de las salas. Cine de nuestros refugios, de evasiones de nuestra verdad, cuando una entrada valía el precio de la escapada desde nuestro suelo a su cielo, el valor de soñar ser lo que no éramos, hasta que un the end o un fin nos devolvía a nuestras casas, nuestros deberes y al colegio. Cine de diapositivas de La Casa sin Balcones o la tienda exclusiva de Kelvinator. Cine del Nodo y los anuncios de Cine Dis o Movierecord. Cine del rugido del león de la Metro o los focos celestiales de la 20th Century Fox. Emocionante cine, aquel que siempre protegió con su oscuridad nuestras lágrimas irreprimibles ante su milagro. ¡Feliz viernes!





