
¡Buenos días! Lo que desde niño me atrajeron las revistas es probable que empezara en un mueble repisa que en casa de los abuelos maternos estaba situado, junto a un antiguo sofá mediana, en un rincón del que llamaban el salón de la chimenea, allá arriba, la segunda planta de esa gran casa que fue el número 1 de la calle Cardenal Cisneros. El abuelo era asiduo a dos publicaciones semanales que, una vez leídas, se iban almacenando (más que archivando) en aquel mueble: Triunfo y el Blanco y Negro. Yo y mis primos Emilio y Guillermo solíamos curiosearlas cada vez que recalábamos por allí antes de ser llamados para almorzar. Digo yo que de aquello, con sólo seis años, me vino la fascinación por las ilustraciones, las fotos de celebridades, llegando a ser un gran comprador y coleccionista, además de sentir en vena la tinta de los talleres de las imprentas. ¡Feliz martes!

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