¡Buenos días! Pasaba ya mi madre de los ochenta años cuando le dije: «Esto de vivir no nos lo habéis enseñado bien, no nos lo habéis contado como realmente era». Su respuesta fue sorprendente: «Es que a nosotros tampoco nos lo contaron de otra forma». Fue por aquellos momentos y circunstancias que me trajeron la verdadera luz. Fueron los tiempos en los que envié al desguace montones de piezas de una educación, de una religión y hasta de unas convenciones sociales que sentí falsas. Dejé de ser la sucursal de viejas doctrinas. Y empezaron a importarme un bledo las palabras de los demás que se notan que no están pagadas, sus pensamientos y consejos que en absoluto han conquistado con batallas propias. Sólo escucho a estas alturas y muy interesado a los que han logrado tenazmente sus luces y sus sombras, por derecho propio, sin postizos ni siendo prestadas. Y desde hace mucho, si callo a las provocaciones no es porque otorgue; simplemente callo. Y ya no me atraen las competiciones de ningún tipo desde que lo gané todo, y con creces, en el amor. No hay mayor triunfo humano, ni para mí ni para nadie. ¡Feliz lunes!





