¡Buenos días! Hoy tomará la gente caminos de camposantos, senderos que respeto; pero yo no saldré hacia ninguna parte de la que siento y creo que no hay nadie. No tengo allí a quienes ya tiene Dios. No los buscaré entre cipreses por donde el corazón me dice que sólo habita el vacío. Si quiero hallarlos, los encontraré en todo caso por los lugares en los que oigo sus pasos transitando mis recuerdos, cruzando mis edades, desde niño hasta que se fueron cargados de historias y momentos juntos: los buenos y los malos, los mejores y los peores, los llenos de luz y los oscuros, cuando fuimos sabios y cuando no. Mi fe no queda bajo la tierra, sino en la esperanza de un cielo. Me quedo en casa. Aquí es donde siempre los tengo cerca. La sangre me los trae y me los lleva por la memoria de sus ausencias. Y hasta el olor del desayuno es olor a ellos en la mesa de esta mañana de noviembre. ¡Feliz sábado!





