¡Buenos días! La vida, por difícil que se ponga, es algo que conviene saludar cada mañana entre admiraciones. Son los mejores signos del ánimo; al menos yo no tengo otros, de siempre los llevo escritos en mi voz y en mi entonación. Dios me ha regalado momentos duros, que son esos que te hacen descubrir la luz y te salvan de unas pocas de ignorancias. Siempre recuerdo a mi admirado psiquiatra Enrique Rojas afirmando aquello de que «el sufrimiento es la escuela suprema de aprendizaje». Fuera de ahí, lo que suele haber son idiotas. Aunque me haya tocado estar en el sitio donde la lluvia cae como una bendición, puedo comprender y emocionarme viendo a quienes han caído en mala suerte por el lado de España en el que la lluvia se ha convertido en tragedia. La tele no es un muro entre mi zona confortable y la tierra de ellos azotada con crueldad. Pueden creer que lo siento mucho. ¿Quién no?





