¡Buenos días! Bajo los soportales de mi entrañable calle Imagen (que no es precisamente un ejemplo de edificabilidad sevillana, pero en la que viví unos cuarenta años), ya está el hombre que vende los almanaques del año nuevo, ya los tiene extendidos por la acera como un muestrario de devociones a escoger, como si se eligieran los protectores de nuestros días por venir en 2025: El Cachorro, la Macarena, el Manué de los Gitanos, Sor Ángela, el Gran Poder… Y te parece mentira que pronto el calendario vaya a ser otro. Y vuelve a desconcertarte que el tiempo pase volando, como si los relojes no tuvieran agujas, sino alas extendidas sobre las horas. Siempre late aquel bolero de Gatica soñando con detener lo implacable. Pero el pavimento con las hojas esparcidas de meses del futuro, acaba por ser un acta en contra de cualquier ensoñación por parar el tiempo. ¡Feliz martes!





