¡Buenos días! La mayoría de las veces yo no escribo lo que soy, sino a lo que aspiro ser. La autocomplacencia o eso que ahora llaman estar encantados de haberse conocido, no me parece otra cosa que una forma más de parálisis, de parálisis espiritual, claro. A mí no se me suele encontrar de un tiempo a otro en el mismo sitio. Vamos, no me encuentro ni yo. Mis admiraciones más grandes se las han llevado siempre los incansables exploradores de su personalidad, los tenaces invencibles de sus mejorías y progresos, los eternos insatisfechos de sus logros. Seguramente la juventud empieza en las superaciones constantes y la vejez en el conformismo. Nunca me siento acabado, redondeado, perfeccionado. Siempre estoy empezando. ¡Feliz viernes!





