
¡Buenos días! Su olor de frío se expande entre calores y bochornos de octubre por las calles del centro. Asan castañas. No me cabe duda de que entre unas cosas y otras, está ocurriendo una vida sin diferencias de estaciones ni tiempos. Puedo ponerme en el caso de todo el mundo, en que un vendedor, de mantecados o castañas, busque ampliar el calendario de venta de sus productos, lo mismo que ya lo hacen los heladeros sirviendo sus tarrinas o conos en pleno invierno. Pero también me pongo en mi caso de conservador de tradiciones que le dan encanto a los sucesivos momentos del año. La infancia marca mucho y para siempre, se encarga de grabar los primeros datos del disco duro. Me gustó crecer con olores, sabores y sonidos que identificaban la época que llegaba. Nunca vi, como se verá en el puente de la Inmaculada, que bajo las bombillas iluminando la Navidad, paso alguno fuera camino de la Catedral, como si ya estuviéramos en la Semana Santa esperada con la mayor impaciencia jamás conocida antes. ¡Feliz sábado!





