¡Buenos días! «La ruta Morancos» es una de los pocos programas que yo le aguanto ahora mismo a la televisión, esta televisión con menos audiencias cada vez, en la que le llaman éxito a contabilizar (a saber cómo) dos millones de espectadores. Si en España somos una población con cerca de 49 millones de habitantes, entiendo, por poco que me gustaran siempre las matemáticas, que cuarenta y siete millones quedan ajenos a los grandes triunfalismos televisivos; diría que, en la tele como en otras cosas, se ha inventado el éxito del fracaso. «La ruta Morancos» me entretiene con los caminos que César y Jorge siguen en pos del destino final de Compostela. Andariegos incansables, recorren ciudades y pueblos en los que hacen parada averiguando sus características de todo tipo a costa de acercarse a sus gentes, testimonios vivos de lugares desconocidos hasta que los humoristas sevillanos han puesto allí sus pies de peregrinos. Jamás hubo más canales para ver menos. Pero «acompaño» cada viernes a mis amigos Los Morancos. Huyo despavorido de los debates políticos, de series con hospitales o las que averiguan crímenes, de películas oscuras y de corte psicológico donde tardan mucho en abrir una puerta o decir una frase pesimista… ¡Feliz viernes!





