¡Buenos días! El Baratillo parece haber posado los cuatro zancos a la vez de su paso de la Piedad. Tras los emocionantes e históricos días de las coronaciones canónicas de la Virgen y del Cristo, ahora se abren las puertas de Caixa, en la calle Álvarez Quintero, para una exposición de la calma en la que contemplar con serenidad una reflexiva muestra del significado espiritual de la sevillanísima cofradía. La diadema de la coronación ha sido fundamental para idear el contenido de las galerías a recorrer, pero ya va incorporada a parte del amplio acervo patrimonial, que incluye el manto lucido en la fecha inolvidable del pasado 14 de septiembre y su cartel anunciador (un cartel donde no sale el hijo del pintor, sino donde muere el Hijo de Dios). También están enseñadas las raíces de la advocación sobre la Piedad de María, su representación artística (no plástica, que a mí eso de los plásticos en sagradas imágenes me suena muy raro, como para cubrirse en días semanasanteros de lluvia). El origen se supone en una profecía de Simeón, pues no se trata de una escena evangélica. Por lo demás, que no es poco de ver en la visita, creo que todo ello no descubre tanto al Baratillo como que lo confirma en una de las más señeras hermandades sevillanas de toda la vida, desde luego de mi vida. Siempre recuerdo lo que me repetía mi buen amigo el canónigo don Juan Guillén Torralba, que arriba andará: «Para mí al menos, el mejor paso de misterio es el de la Piedad del Baratillo». ¡Feliz domingo!
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