¡Buenos días! Me siento cometiendo una pequeña injusticia al tener que escribir muy breve de un hombre muy grande: Nadal. De su despedida en video (porque aún queda la oficial del 24 de noviembre en el Martín Carpena, de Málaga), de su decisión tomada al saberse abatido por las lesiones físicas, me quedo con dos victorias más que sumar ayer a su carrera. La primera es que supo llegar al tenis por no engañarse de jovencito con que sería un buen futbolista, asumiendo que le esperaba el futuro de un mal jugador. Siempre chapó para quienes cambian el rumbo cuando se huelen el hielo del iceberg. Y la segunda han sido sus agradecimientos, a familiares, amigos y al público. Es obvio que para lograr sus triunfos fue Nadal el que empuñaba su raqueta. Pero en la vida hay seres que son posibles gracias a estar bien acompañados. Nadal ha sido uno de esos privilegiados seres cuya compañía pareció estar diseñada en ayuda de alcanzar sus hitos personales y deportivos. Somos muchas veces el resultado de quienes están con nosotros. Alguien bien acompañado es alguien bien decidido, bien planeado. Dime con quién andas y te diré a dónde llegas. No todo queda siempre bajo nuestro control, y recorrer el camino con las personas adecuadas, lo allana y lo aligera. Rodearse de inteligentes es como vivir en línea recta: la distancia más corta entre dos puntos, entre nuestros retos y nuestras metas, entre nuestros sueños y hacerlos realidad. Los tontos se pasan la vida andando sobre eses, pateando curvas. ¡Cuántas ilusiones humanas se habrán truncado en este mundo por culpa de que tocara un cobarde justo al lado de un valiente, un conformista junto a un rebelde, un conservador junto a un emprendedor… y no digamos un realista junto a un soñador! ¡La de gente segura y arrojada que perdió en el camino esas virtudes por cruzarse con la influencia dañina de los indecisos! Por lo demás, vi otra vez en Nadal que de bien nacidos es ser agradecidos. ¡Feliz viernes!
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