
¡Buenos días! Durante décadas la vida de España resaltaba entre sus horas diarias la del Ángelus, a las doce del mediodía. Hasta la radio hacía un alto en su programación para que se empezara a escuchar, como una llamada a la oración, el «Ave María» de Schubert. Sobre sus primeras notas, absolutamente identificables, una voz llena, sonora, iniciaba una liturgia de ondas que recorría completo el texto alusivo a la Anunciación de la Virtgen: «El ángel del Señor anunció a María…». Independientemente de la radio, muchos eran los que en su propia intimidad se percataban de este momento, allá donde les pillara… en sus faenas domésticas, en la oficina, montados en un coche; todo lugar era como si tuviese un reclinatorio digno y necesario para ese memorial. Incluso muchas campanas, algunas de las cuales aún lo hacen (como la de la capillita de Santa María en la Puerta Jerez), repicaban en punto desde sus espadañas. Hoy «los tiempos han cambiado que es una barbaridad», al cantar de la zarzuela. La hora del Ángelus, cuya práctica sigue promocionando el Papa, parece tener ahora un débil e inadvertido seguimiento, nada comparable a lo que fue. ¡Feliz martes!





