¡Buenos días que van ya por buenas tardes! Los sábados son los sábados. Permitidme que hoy me detenga en algo muy particular para mí, pero esperando que despierte vuestros propios recuerdos y emociones. Veréis: por la calle Puente y Pellón me encuentro con que en el escaparate de la actual ubicación de PEÑA, un clásico del pequeño comercio tradicional sevillano dedicado a textiles, están forradas unas columnas o paneles que asoman a los cristales con los grandes pliegos que en tiempos usaron para envolver sus artículos. ¡Dios mío, la de veces que mi madre llegó a casa con estos papeles después de comprar en PEÑA! ¡La de paquetes que trajo llenos de madejas de colores para hacer punto! ¿Quién no guarda memoria de su madre haciendo punto? «Ven, estira el brazo a ver si te va quedando bien la manga, baja el brazo», y te medía con las largas agujas, que parecían un termómetro dando décimas si tenías fiebre, para acabar concluyendo que todavía te faltaba. Esos cristales de PEÑA, que son los cristales de todos en la historia personal de cada uno, me regalaron ayer el reflejo de mi madre sentada en el sillón, dale que te dale a las agujas de punto, estirando, más que las mangas, la economía de una casa llena de hijos. ¡Feliz sábado!





